Un mundo entre lo rural y lo urbano
En el presente ensayo, intento mostrar, las propias impresiones que el fenómeno de lo rural inundado o vestido de urbanidad, ha dejado en mí; no trato, dadas las condiciones y extensión de éste trabajo, de realizar un análisis exhaustivo, sino más bien de pensar desde la mezcla de urbano y rural existente, las posibilidades, preguntas, consecuencias y conclusiones de establecerse en un sitio que por de pronto es inexistente como concepto, pero que representa todo un fenómeno y una realidad propia del mundo actual; La ruradad.
Sin lugar a dudas, hoy el campo ya no es sinónimo de inconexión, lejanía y condiciones precarias. Hoy, lejos de representar un aislamiento, se muestra como una ruradad, un espacio en el que la agricultura acompaña a los trabajadores todo el día, un espacio en el que los cultivos se hacen acompañar de NOKIA, ERICCSON o SONY, un espacio en el que los canales de televisión internacionales, acompaña las noches; ésta es la nueva ruralidad vestida de urbano, con huasos de cinturón y funda para celular de carpincho, es ésta la ruradad que describo y reflexiono.
El progreso y las comodidades del mundo moderno no son hoy una exclusividad de las grandes orbes; muy por el contrario, dichas comodidades se han trasladado, también a lo rural, no es raro ver hoy en los techos de humildes casas antenas de televisión satelital, automóviles en los patios o celulares en los bolsillos de sus moradores; es que aquello que por mucho tiempo se reservó solo para las ciudades, ha llegado también al campo y se ha apoderado de él, no como una realidad invalidante, sino más bien como un escenario que potencia, que comunica y abre otras, mejores y nuevas oportunidades.
Hoy en día resulta difícil, sobre todo pensando en realidades como ésta, la Talquina, pensar o mejor dicho definir, dónde comienza o termina lo rural para dar paso a lo urbano o vice versa, puesto que ambas realidades a menudo se mezclan, se confunde y mimetizan, no se trata pues de segregar ambas dimensiones sino mas bien, de determinar, si se quiere, para objeto de estudio, en qué medida podemos pensar lo urbano como tal, y en que medida lo rural, pues ante nuestros ojos, como participantes de un mundo de ruradad, parece imperceptible a simple vista. Es éste hecho de mimetismo, es el que se nota en ésta y otras muchas ciudades de nuestro país, por mencionar algunas, Curicó, Santa Cruz entre otras, en las cuales no existen parámetros claros que permitan definir el campo de la ciudad, dado que sus habitantes se mueven entre estos dos lugares, en apariencia diferentes, pero que en realidad son una y el mismo. Cobra valides entonces la pregunta: ¿Qué hace que un todo sea rural o urbano?, la respuesta inmediata sería, para algunos, las redes viales, el comercio, los bancos, la locomoción colectiva etc, simples y llanas características que se pueden encontrar sin mucho esfuerzo en campos y ciudades, entonces se trata de algo mas allá de características, es algo en la mentalidad de la gente, es aquello que hace efectivo el campo o la cuidad es aquello que nos define como personas, nuestra idiosincrasia,, nuestra cuna. Es eso lo que marca y define, es nuestra mentalidad y habilidades lo que nos sitúa en campo o ciudad; no existe hoy entonces un lugar físico llamado campo ni uno llamado ciudad, o si existe por condiciones extremas sería un caso hoy aislado, sino mas bien existe hoy un modo de ser o de vivir, que puede o no asociarse a conceptos socioculturales casi obsoletos como urbano y rural; por citar un ejemplo de esto, existe desde hace ocho años, el concurso Santiago en cien palabras, organizado y patrocinado por Minera Escondida y Metro de Santiago, que intenta rescatar en cuentos de no mas de cien palabras, una realidad urbana o si se quiere, el modo de vivir lo urbano, pues bien, el siguiente cuento obtuvo el primer lugar el año 2007 y rescata de manera exquisita, como hoy el modo de ser es anterior a la concepción de urbano o rural.
Una mujer que saluda
Primer lugar 2007
Yolanda es una mujer que saluda. Saluda a sus ex
compañeras de colegio cuando las encuentra en el
supermercado, saluda al señor que pide afuera de su
oficina, saluda a todos los que se suben al ascensor.
Yolanda no tiene pudor al saludar y te pide el email o
el teléfono con una honesta intención. Un día saludó
a un actor de televisión que se le cruzó en la calle y
saludó a alguien sólo porque tenía cara de conocido.
Yolanda pasa todos los días a saludarme a mí. Yo le
digo que se le nota mucho lo talquina.
Elisa de Padua, 30 años, Ñuñoa
Como se ha podido apreciar, la ruralidad o la urbanidad no son cosas que dependan del lugar físico en el que se habite, sino mas bien a la forma en como nos relacionamos, la manera de ver las cosas, la cercanía por decirlo de algún modo humana, es así como se configura lo rural o lo urbano, es en la forma de ser, en el trato de persona a persona. Por éste motivo, afirmar hoy la existencia de lo rural o lo urbano no es cosa de apreciar el entorno, sino mas bien de indagar en el interior de cada quien, ya que es en el conocimiento, cosa que es de por sí difícil, en donde se puede estimar la existencia y alcances de un mundo rural o urbano. Desde ésta perspectiva, entonces, se puede vivir perfectamente en una gran “ciudad”, sin dejar de pertenecer al entorno “rural”, pues como se ha visto en el cuento antes citado, al hablar de ruralidad o urbanidad, hablamos directamente de una condición aprendida, de nuestro ser interno, nuestra idiosincrasia, la ruradad existente en todo hombre y mujer que vive y siente desde sus circunstancias.
Desde lo dicho hasta ahora, se puede inferir que los conceptos urbano y rural engloban gran cantidad de términos erróneos, situándose éstos en pleno nivel lingüístico, para poder explicar de mejor manera, veamos lo que sucede con la palabra barrio, aplicable generalmente a la “ciudad” y sus grandes poblaciones.
El barrio se da allí donde existen gran cantidad de casas contiguas, o que se encuentran bajo un mismo nombre de villa o población; pero éste concepto no admite aquello que de verdad lo hace ser lo que es, las personas; resulta que son éstas las que a menudo viven dentro del barrio sin saber quién es el vecino; desde ésta perspectiva, la noción de barrio solo es aplicable, en una primera instancia, a lo rural ya que en lo urbano no se construye el barrio, no se habla con el vecino, no se sabe quién es, no se le piden favores, no se le saluda. Pero en una segunda y mas favorable instancia, el concepto de barrio, es aplicable mas y de mejor manera a la ruradad, ya que estando donde quiera que sea, es aquel que sabe como vivir humanamente, el que hará posible el barrio, lo común, lo cordial y lo ameno de “con-vivir” dentro de un mismo sector.
No podríamos hoy, por todo lo anteriormente expuesto, hablar de urbano y rural, ya que no sabemos con certeza, a qué se refieren y los alcances de dichos términos, dicho de otro modo, las circunstancias y condiciones que nos servían antaño para poder señalar aquello que es campo y aquello que es ciudad, hoy, se encuentran presentes de la misma forma en los dos lugares, por lo que los conceptos exigen una nueva reformulación, una detención al momento de pensarlos y nombrarlos; no se trata por cierto de saber si lo uno o lo otro es mejor o peor, sino mas bien de establecer, si es que se quiere hacer diferencia, conceptos claros y distinguibles. Por ahora creo que el problema pasa meramente por la forma de vivir de cada quien, ya que se pueden establecer riquezas innegables en la ciudad y el campo, pero dependerá de cada uno enriquecerse con ambas para poder construir una ruradad, que no haga distinciones odiosas entre lo citadino y lo pueblerino. Claro está que la cantidad es un condicionante que obstaculiza de sobremanera una concepción integradora de “con-vivencia”, puesto que la cantidad de cemento muchas o todas las veces sirve para poder jactarse de cierto nivel de pertenencia al mundo de los adelantos en lugar de la necesaria preocupación por la vivencia comunitaria, por aquella “común-unidad” tan necesaria, tan buscada y tan esquiva.
Toda ésta exposición, aún cuando no hable de algo completamente nuevo, dice mucho acerca de cómo somos o debemos ser los seres humanos, nos habla de aquello que nos hace ser lo que somos, nos pone en contacto con aquello primigenio que nos insta a la mejoría, a la superación. Si bien hoy no podemos aplicar con soltura los conceptos de urbanidad o ruralidad, sin segregar de mala forma a unos de otros, podemos nombrar aquello que posibilita la vida conjunta, nuestra forma de ser y tomarnos las cosas, nuestra crianza. Nuestra ruradad.
La ruradad, así expuesta no es mas que la incorporación de elementos que hasta no mucho tiempo atrás, se reservaban para las grandes ciudades, me refiero a los adelantos tecnológicos, a la llegada y la utilización, a pesar de que se puede establecer que el uso o mejor dicho el desenvolvimiento con las nuevas tecnologías no está aún presente al cien por ciento en pequeñas ciudades; como sea, es constatable fácilmente el hecho de que los avances tecnológicos, han inundado cada rincón del mundo, otorgándoles innegables condiciones nuevas, haciendo que hoy no sea aplicable el concepto de rural y urbano, sino mas bien, dadas las nuevas condiciones, la posibilidad de que surjan nuevos conceptos que engloben la realidad existente, a saber, un mundo de tecnologías que no discrimina sitios, ni circunstancias geográficas, un mundo inter-conectado, casi global, un mundo nuevo de posibilidades que por de pronto, hasta posibilita nuevos conceptos, como éste, el desarrollado en éste ensayo, que aún cuando no goza de plena aceptación y está lejos de hacerlo, sirve perfectamente para identificar nuestra propia realidad, ésta realidad que nos hace vivir y sentir como pertenecientes a un mundo de adelantos y comunicaciones, un mundo que no está encasillado ni reservado para el campo ni en la ciudad. La Ruradad.
Joaquín Bravo.