Para nadie resulta extraño hoy, el hecho de que la informática haya inundado casi todos los aspectos de la vida, que con tan solo un “click”, se tenga acceso a una gran cantidad de información, o que con aquel mismo “click”, se pueda realizar contacto con algún amigo, familiar o desconocido que se encuentre al otro lado del mundo; es que el avance de las tecnologías informáticas, nos ponen hoy en el plano de lo accesible, de lo netamente comunicable, de lo conocible o por lo menos “mirable”; cierto es que éste nuevo y mejorado mundo, nos hace la vida mucho mas cómoda, puesto que ya casi no tenemos que salir de casa para poder tener comida, pagar cuentas o hacer transacciones bancarias, incluso, algunos, para muchos, afortunados, ya no tienen que desplazarse hasta una oficina para poder realizar su trabajo.
El mundo de hoy ya no es el que era, cierto es; ha mejorado condiciones, descuidado otras, materias que no abordaré en éste trabajo, dadas sus condiciones y alcances; lo cierto es que el mundo de hoy, junto con sus adelantos, posee elementos propios de nuestra humanidad, condiciones inherentes a nuestra condición; a saber, nuestra necesidad de confiar en el otro, nuestras ganas de control, la búsqueda, nuestros derechos, etc.
El sentido de control, nos ha acompañado desde siempre , el sentirse seguro, dueño de sus posibilidades ha sido tema desde los inicios de la historia del hombre, siendo tema filosófico, político o de controversia bíblica; como sea, el sentido de control, va de la mano con la privacidad, con éste derecho inviolable que se ha intentado e intenta proteger bajo cualquier medio y para lo cual trabajan los legisladores y políticos mundiales. El derecho a la información, a la privacidad, son palabras que a menudo resuenan en bullados discursos que buscan adhesiones en todas partes, pero, ¿Qué hay de cierto o de efectivo cuando aplicamos éste, nuestro derecho de privacidad y control al desarrollo informático al que nos hemos adherido sin preguntas?, ¿Qué tan seguros podemos estar de las informaciones que nosotros mismos depositamos en la web?. Antes de aproximarnos a una respuesta, primero comentar lo siguiente:
Hace no mas de un mes atrás, una señora, hizo noticia por una demanda que impuso a su isapre, pues, ésta habrían cedido información de su afiliada a una conocida farmacia; la señora afectada se dio cuenta cuando le diagnosticaron una enfermedad en la cual debía tomar medicamentos por un largo tiempo y al ir a comprar dichos medicamentos, la dependiente de la farmacia le habría ofrecido, sin que la señora en cuestión le hubiese comentado con anterioridad, un tratamiento mas conveniente, sabiendo de antemano, el diagnóstico.
Cuando hablamos de información, debemos necesariamente entrar en el plano de lo ético, y de la confianza, pues no media nada mas que la simple confianza a la hora de entregar informaciones nuestras, a una empresa cuyas bases de datos se encuentran en línea para facilitar su trabajo; el caso que describí mas arriba, no es mas que una muestra de cuanto se puede hacer con datos de personas, aflora la vulnerabilidad, la privacidad es violada y el control de aquello que creemos nuestro, simplemente desaparece, con la mala utilización de datos e información que puede ser de importancia para un tercero a la hora de lucrar. Y es que el afán de control y lucro muchas o todas las veces choca con la ética, desplazándola a tal punto que queda subyugada por el afán de mas dinero y poder, cabe preguntarse entonces, ¿de qué manera puedo proteger mi identidad y privacidad?, la respuesta mas rápida puede estar en el no adherir a la tecnología, cosa que es imposible, ya que no solo aquellos sitios que yo utilizo poseen información, sino que somos mas conocidos de lo que creemos. Estamos pues, frente a las circunstancias y embates que conlleva el mundo de lo globalizado, estamos frente al mundo de lo disponible, en dónde la única posibilidad es abandonarse en la confianza, en la fé en otro que no conocemos y que posee bases de datos que pueden ser de importancia para un maquiavélico equipo de personas en las cuales prevalece el lucro por sobre la conciencia.
El problema hoy, es entonces, no de la cantidad de información sino mas bien de la mala utilización de la misma, pues en muchos casos la información está disponible para muchas personas y no solo para las cuales debiera ser; se trata del eterno problema que afecta a todo orden socio cultural, el temido vicio humano, la mala utilización; cobra una vez mas importancia el dicho popular aquel que dice “la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho”, pues aquí la mala utilización nos pone en rivera de aquello que no deja posibilidad a una autentica unión y trabajo conjunto, se trata del hasta ahora indestructible deseo individualista, que amenaza el buen vivir y la confianza.
El mundo de hoy, con todos los adelantos y avances tecno-científicos, convoca, implica y necesita una vez mas de la buena voluntad, es ésta la que puede y debe ser la guía para una sana convivencia, no basta en el mundo actual hablar de un mundo globalizado si no nos preocupa el otro, es necesario entender que se vive en conjunto y que solo es posible una aldea global, regida por las correctas intenciones, y no las ambiciones propias; sólo así, podremos hacer un uso correcto de las tecnologías y de paso respetar el propósito inicial; la facilitación de la vida, la comodidad diaria, la comunicación y el acercamiento. Una vez mas entonces, la culpa no es del chancho.
Joaquín Bravo.
El mundo de hoy ya no es el que era, cierto es; ha mejorado condiciones, descuidado otras, materias que no abordaré en éste trabajo, dadas sus condiciones y alcances; lo cierto es que el mundo de hoy, junto con sus adelantos, posee elementos propios de nuestra humanidad, condiciones inherentes a nuestra condición; a saber, nuestra necesidad de confiar en el otro, nuestras ganas de control, la búsqueda, nuestros derechos, etc.
El sentido de control, nos ha acompañado desde siempre , el sentirse seguro, dueño de sus posibilidades ha sido tema desde los inicios de la historia del hombre, siendo tema filosófico, político o de controversia bíblica; como sea, el sentido de control, va de la mano con la privacidad, con éste derecho inviolable que se ha intentado e intenta proteger bajo cualquier medio y para lo cual trabajan los legisladores y políticos mundiales. El derecho a la información, a la privacidad, son palabras que a menudo resuenan en bullados discursos que buscan adhesiones en todas partes, pero, ¿Qué hay de cierto o de efectivo cuando aplicamos éste, nuestro derecho de privacidad y control al desarrollo informático al que nos hemos adherido sin preguntas?, ¿Qué tan seguros podemos estar de las informaciones que nosotros mismos depositamos en la web?. Antes de aproximarnos a una respuesta, primero comentar lo siguiente:
Hace no mas de un mes atrás, una señora, hizo noticia por una demanda que impuso a su isapre, pues, ésta habrían cedido información de su afiliada a una conocida farmacia; la señora afectada se dio cuenta cuando le diagnosticaron una enfermedad en la cual debía tomar medicamentos por un largo tiempo y al ir a comprar dichos medicamentos, la dependiente de la farmacia le habría ofrecido, sin que la señora en cuestión le hubiese comentado con anterioridad, un tratamiento mas conveniente, sabiendo de antemano, el diagnóstico.
Cuando hablamos de información, debemos necesariamente entrar en el plano de lo ético, y de la confianza, pues no media nada mas que la simple confianza a la hora de entregar informaciones nuestras, a una empresa cuyas bases de datos se encuentran en línea para facilitar su trabajo; el caso que describí mas arriba, no es mas que una muestra de cuanto se puede hacer con datos de personas, aflora la vulnerabilidad, la privacidad es violada y el control de aquello que creemos nuestro, simplemente desaparece, con la mala utilización de datos e información que puede ser de importancia para un tercero a la hora de lucrar. Y es que el afán de control y lucro muchas o todas las veces choca con la ética, desplazándola a tal punto que queda subyugada por el afán de mas dinero y poder, cabe preguntarse entonces, ¿de qué manera puedo proteger mi identidad y privacidad?, la respuesta mas rápida puede estar en el no adherir a la tecnología, cosa que es imposible, ya que no solo aquellos sitios que yo utilizo poseen información, sino que somos mas conocidos de lo que creemos. Estamos pues, frente a las circunstancias y embates que conlleva el mundo de lo globalizado, estamos frente al mundo de lo disponible, en dónde la única posibilidad es abandonarse en la confianza, en la fé en otro que no conocemos y que posee bases de datos que pueden ser de importancia para un maquiavélico equipo de personas en las cuales prevalece el lucro por sobre la conciencia.
El problema hoy, es entonces, no de la cantidad de información sino mas bien de la mala utilización de la misma, pues en muchos casos la información está disponible para muchas personas y no solo para las cuales debiera ser; se trata del eterno problema que afecta a todo orden socio cultural, el temido vicio humano, la mala utilización; cobra una vez mas importancia el dicho popular aquel que dice “la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho”, pues aquí la mala utilización nos pone en rivera de aquello que no deja posibilidad a una autentica unión y trabajo conjunto, se trata del hasta ahora indestructible deseo individualista, que amenaza el buen vivir y la confianza.
El mundo de hoy, con todos los adelantos y avances tecno-científicos, convoca, implica y necesita una vez mas de la buena voluntad, es ésta la que puede y debe ser la guía para una sana convivencia, no basta en el mundo actual hablar de un mundo globalizado si no nos preocupa el otro, es necesario entender que se vive en conjunto y que solo es posible una aldea global, regida por las correctas intenciones, y no las ambiciones propias; sólo así, podremos hacer un uso correcto de las tecnologías y de paso respetar el propósito inicial; la facilitación de la vida, la comodidad diaria, la comunicación y el acercamiento. Una vez mas entonces, la culpa no es del chancho.
Joaquín Bravo.
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